Me dais asco.
El periodismo español ha decidido dejar la “imparcialidad” y la “defensa de la verdad” a un lado, para asaltar las ondas subidos sobre el caballo de la mentira, el odio y la judeofobia más cruel y sanguinaria. Desde que ha empezado el conflicto armado entre Israel y la banda terrorista Hizbolá, la mayoría de los medios de comunicación ibéricos han decidido ignorar, voluntariamente, el oscuro papel de las tiranías de Irán y Siria en ese conflicto de oriente medio (uno más de los muchos que destruyen esa zona del mundo). El periodismo ha decidido olvidar que Hizbolá quiere implantar un régimen islámico en Líbano o que Siria ocupó el país de los cedros durante más de veinte años. Una ocupación que le permitió a Siria asesinar a opositores libaneses, controlar su política y atacar los civiles israelíes mediante Hizbolá. Una banda de asesinos muy útil como tapadera para los fanáticos iraníes y sirios.
Ni una manifestación se produjo ante la salvaje ocupación siria. Ni una cuando los servicios secretos sirios se dedicaron a matar a políticos libaneses. Ni una porque los palestinos no tienen derecho a la propiedad en Líbano. Ni una porque Ahmadineyad está usando a Israel como banco de pruebas para sus nuevos misiles. Ni una porque Siria siga armando el terrorismo en Líbano e Irak. Ni una manifestación por los miles de crímenes contra la humanidad que los gobiernos de Irán y Siria ejecutan con una inmunidad demencial. Contra Israel, todas. Contra el “judío entre las naciones” todas las manifestaciones del mundo. Para la prensa española bombardear las infraestructuras que permiten a Irán introducir misiles para Hizbolá es “desproporcionado”. Pero la misma prensa ni se inmuta cuando un asesino se introduce en un autobús y lo hace estallar en mil pedazos para matar a tanta gente como pueda. Siempre que ese autobús circule por calles israelíes, es un actor de protesta por una “ocupación insostenible”. Si el autobús es un metro y está transitando por Madrid, es un “acto de terrorismo incomprensible”.
Israel no tiene amigos. Estados Unidos sólo es un compañero de viaje oportuno que, por razones estratégicas, considera útil azuzar el Tzahal contra los enemigos de occidente. Pero nada más que eso. Para Estados Unidos Israel es sólo un muñeco con el que golpear a Siria y evitar el crecimiento estratégico de Irán en la zona. Israel sólo se tiene a él mismo. Israel lucha por su propia supervivencia, y ahí radica su fuerza, su poder, su tremenda energía. Israel y cada uno de los israelíes luchan para sobrevivir, una vez más, a una locura que pretende aniquilar a los judíos de a faz de la tierra. Sin exagerar. Precisamente eso pidió el presidente Ahmadineyad. Eliminar a Israel de la faz de la tierra (léase eliminar a los judíos). Lamentablemente, es una idea que Ahmadineyad comparte con más de un europeo.
He llegado a leer, en estos maravillosos periódicos que corren por España, que Israel no tiene derecho a existir. Que Israel no tiene derecho a ocupar la tierra que ocupa. Felicidades a todos los otros estados del mundo. Ellos sí que tienen legitimidad para su existencia. Des de Estados Unidos y las tierras robadas a los nativos, hasta Francia y sus sangrientas revueltas. El problema para los “periodistas” no es la legitimidad o no de Israel, el problema para ellos es un rencor injustificable contra los judíos. Un odio que fermenta en cerebros que son los mismos que los de los españoles del siglo XV. El problema no fue Torquemada, sino de los miles de españoles que asaltaron las aljamas. Los españoles que, todavía hoy, asaltan con palabras la última aljama del siglo XX: Israel. Una aljama pequeña y valiente rodeada de países árabes con la esperanza de expulsar a los judíos para quedarse con su territorio.
Sólo faltaba, para acabar de adornar este gran despropósito español, las palabras de José Blanco. “Israel busca matar a población civil”, dijo esa especie de chiste lamentable que se ha tomado en serio eso de ser el “chico malo” del ejecutivo socialista. Mal hecho, el papel de “poli malo” nunca puede ser delegado a alguien que produce hilaridad cada vez que abre la boca. En este caso no produjo risas, sino vergüenza e indignación. De hecho, me sorprendió tanto que repasé varios videos de José Blanco intentando escuchar alguna frase del estilo de: “el grupo terrorista Hamás busca provocar víctimas civiles premeditadamente”. No encontré nada parecido. Lástima.

