sábado, julio 29, 2006

Me dais asco.

El periodismo español ha decidido dejar la “imparcialidad” y la “defensa de la verdad” a un lado, para asaltar las ondas subidos sobre el caballo de la mentira, el odio y la judeofobia más cruel y sanguinaria. Desde que ha empezado el conflicto armado entre Israel y la banda terrorista Hizbolá, la mayoría de los medios de comunicación ibéricos han decidido ignorar, voluntariamente, el oscuro papel de las tiranías de Irán y Siria en ese conflicto de oriente medio (uno más de los muchos que destruyen esa zona del mundo). El periodismo ha decidido olvidar que Hizbolá quiere implantar un régimen islámico en Líbano o que Siria ocupó el país de los cedros durante más de veinte años. Una ocupación que le permitió a Siria asesinar a opositores libaneses, controlar su política y atacar los civiles israelíes mediante Hizbolá. Una banda de asesinos muy útil como tapadera para los fanáticos iraníes y sirios.

Ni una manifestación se produjo ante la salvaje ocupación siria. Ni una cuando los servicios secretos sirios se dedicaron a matar a políticos libaneses. Ni una porque los palestinos no tienen derecho a la propiedad en Líbano. Ni una porque Ahmadineyad está usando a Israel como banco de pruebas para sus nuevos misiles. Ni una porque Siria siga armando el terrorismo en Líbano e Irak. Ni una manifestación por los miles de crímenes contra la humanidad que los gobiernos de Irán y Siria ejecutan con una inmunidad demencial. Contra Israel, todas. Contra el “judío entre las naciones” todas las manifestaciones del mundo. Para la prensa española bombardear las infraestructuras que permiten a Irán introducir misiles para Hizbolá es “desproporcionado”. Pero la misma prensa ni se inmuta cuando un asesino se introduce en un autobús y lo hace estallar en mil pedazos para matar a tanta gente como pueda. Siempre que ese autobús circule por calles israelíes, es un actor de protesta por una “ocupación insostenible”. Si el autobús es un metro y está transitando por Madrid, es un “acto de terrorismo incomprensible”.

Israel no tiene amigos. Estados Unidos sólo es un compañero de viaje oportuno que, por razones estratégicas, considera útil azuzar el Tzahal contra los enemigos de occidente. Pero nada más que eso. Para Estados Unidos Israel es sólo un muñeco con el que golpear a Siria y evitar el crecimiento estratégico de Irán en la zona. Israel sólo se tiene a él mismo. Israel lucha por su propia supervivencia, y ahí radica su fuerza, su poder, su tremenda energía. Israel y cada uno de los israelíes luchan para sobrevivir, una vez más, a una locura que pretende aniquilar a los judíos de a faz de la tierra. Sin exagerar. Precisamente eso pidió el presidente Ahmadineyad. Eliminar a Israel de la faz de la tierra (léase eliminar a los judíos). Lamentablemente, es una idea que Ahmadineyad comparte con más de un europeo.

He llegado a leer, en estos maravillosos periódicos que corren por España, que Israel no tiene derecho a existir. Que Israel no tiene derecho a ocupar la tierra que ocupa. Felicidades a todos los otros estados del mundo. Ellos sí que tienen legitimidad para su existencia. Des de Estados Unidos y las tierras robadas a los nativos, hasta Francia y sus sangrientas revueltas. El problema para los “periodistas” no es la legitimidad o no de Israel, el problema para ellos es un rencor injustificable contra los judíos. Un odio que fermenta en cerebros que son los mismos que los de los españoles del siglo XV. El problema no fue Torquemada, sino de los miles de españoles que asaltaron las aljamas. Los españoles que, todavía hoy, asaltan con palabras la última aljama del siglo XX: Israel. Una aljama pequeña y valiente rodeada de países árabes con la esperanza de expulsar a los judíos para quedarse con su territorio.

Sólo faltaba, para acabar de adornar este gran despropósito español, las palabras de José Blanco. “Israel busca matar a población civil”, dijo esa especie de chiste lamentable que se ha tomado en serio eso de ser el “chico malo” del ejecutivo socialista. Mal hecho, el papel de “poli malo” nunca puede ser delegado a alguien que produce hilaridad cada vez que abre la boca. En este caso no produjo risas, sino vergüenza e indignación. De hecho, me sorprendió tanto que repasé varios videos de José Blanco intentando escuchar alguna frase del estilo de: “el grupo terrorista Hamás busca provocar víctimas civiles premeditadamente”. No encontré nada parecido. Lástima.

domingo, julio 23, 2006

Bambi en la Intifada.

El presidente español Zapatero parece una persona calmada, dialogante, sin grandes excesos verbales y con una voluntad innata de contentar a todo el mundo. De ahí que fuera apodado como Bambi. De hecho es alguien contra quien resulta difícil enfadarse porque, a pesar de que toma decisiones controvertidas, lo hace con el mínimo ruido posible y sin crear grandes polémicas.

Pero incluso un Bambi emborrachado de talante como él, tiene un “talón de Aquiles”, un punto débil que, en este caso, suele convertir a gran parte de los militantes de la izquierda europea en sabuesos racistas babeando por una nueva oportunidad de exhibir su violencia verbal. Zapatero no ha dudado, ni un segundo, en saltar a la palestra para cargar, con una agresividad inédita, contra los judíos. Camuflando su mensaje, eso sí, bajo el útil aspecto de una crítica constructiva contra el estado de Israel. Es una crítica judeófoba en la medida que Zapatero evita criticar los operativos antiterroristas de Rusia, esquiva criticar el lanzamiento de misiles por parte de Corea del Norte, se niega a mostrarse públicamente en contra de los asesinatos masivos en China e incluso, muestra comprensión ante los golpes terroristas ejecutados por musulmanes a lo largo y ancho de Oriente Próximo. Avergüéncese, señor presidente. Avergüéncese por limitar su crítica al único país judío del mundo.

El presidente español considera que las operaciones militares israelíes para evitar que Hizbolá siga bombardeando sus ciudades “vulnera la legalidad internacional” y además “son excesivas”. Es excesivo que Israel bombardee las infraestructuras de una de las bandas terroristas más peligrosas del mundo. Es excesivo que Israel asesine los líderes de un grupo armado obsesionado en borrar a Israel del mapa. Es excesivo que Israel pretenda crear un cordón de seguridad que, por cierto, debería estar creado ya por la misión de la ONU establecida al sur del Líbano. En definitiva, para el presidente español es excesivo que Israel pretenda liquidar a Hizbolá como respuesta a un ataque terrorista salvaje contra el cual, por cierto, el gobierno ibérico no manifestó ninguna crítica en su momento.

Es normal, por otro lado, que Zapatero crea que la protección de los ciudadanos de un país es “excesiva”. Recordemos que Zapatero siempre ha tenido una postura muy coherente contra el terrorismo islámico: la rendición incondicional. Después de los atentados del 11-M en Madrid, después de la muerte de 200 ciudadanos españoles a manos de esos salvajes fanáticos, Zapatero, el presidente de todos los españoles, decidió aplicar una respuesta contundente: retiró todas sus tropas de Iraq, precisamente lo que exigían los terroristas que perpetraron la matanza. Es normal que un presidente que prefiere retirarse corriendo ante la amenaza, considere excesivo que un gobierno decida oponerse a un grupo terrorista que amenaza su población.

Por si esto fuera poco, el ejecutivo dirigido por Bambi ZP decidió dar una nueva vuelta de tuerca a su relación con los judíos de todo el mundo y equiparó, en un malabarismo infernal, a Israel y Hizbolá. Fantástico. Un estado democrático es lo mismo que una banda dedicada, por definición, a asesinar con fines políticos. Ni Zapatero ni el coro de incultos que lo rodean tendrían las narices de comparar, bajo ninguna circunstancia, a ningún estado occidental con una banda terrorista. A ninguno. Ni Rusia es lo mismo que los terroristas de Chechenia, ni Francia es igual que los independentistas de Córcega, ni el Reino Unido es equiparable al IRA. A pesar del dolor, la violencia, las torturas y los asesinatos que han sembrado los ingleses en Irlanda. Un estado democrático no es comparable, ni tan siquiera tangencialmente, con una banda de salvajes dedicados a matar para conseguir aquel o aquel otro objetivo político. Pero siempre existe una ecuación para esta clase de situaciones. Si el estado democrático que se compara con el grupo terrorista es un estado judío, entonces vale lo mismo que los terroristas musulmanes. Aunque sea precisamente Hizbolá el responsable del ataque que desencadenó el operativo. Poca importancia tiene porque, para él, si es judío es el responsable de todo lo malo que suceda en el mundo. No hay más que hablar.

Zapatero muestra un fanatismo judeófobo tan elevado, que incluso ignora que los propios países árabes como Arabia Saudita o Egipto han cargado contra Hizbolá. A pesar de estas críticas, a pesar de que todos ven a Hizbolá como el brazo armado avanzado de Irán y Siria, Zapatero sigue defendiendo las bondades del integrismo islámico. Para Bambi los judíos son malos, y así será mientras el presidente siga retirando tropas según le dicten los terroristas.

jueves, julio 20, 2006

Cristianadas

El otro día llegó a mis manos un artículo de un periódico que no suelo leer. Sé que una persona bien informada debe consultar toda clase de prensa pero, por razones diversas, mis ojos no acostumbran a pasearse entre las letras impresas del diario “La Razón”. Debo reconocer que me quedé boquiabierto con una columnita llamada: “Judiadas”, escrita por Jorge Berlanga y dedicada, en toda su extensión, a agredir violentamente a todos y cada uno de los judíos de nuestro mundo, del mundo pasado e incluso del futuro.

El artículo del señor Berlanga (entiéndase “señor” como un eufemismo) es, de hecho, bastante sencillo en su composición. En unas cuantas líneas manifiesta un notable odio contra los judíos (contra todos), construido a partir de afirmaciones tan “científicas” como la siguiente: los hebreos “siguen quejándose de que los echan de todas partes. Incluyendo los Reyes Católicos y la Alemania nazi.” Para el señor Berlanga la persecución en España, las miles de conversiones (sé alguna cosa al respecto), la expulsión masiva o el genocidio europeo de la Segunda Guerra Mundial no son más que “excusas” para que los judíos de hoy “sigan quejándose”.

Berlanga golpea, con fervor religioso, en el mismo punto exacto que lo hacen otros destacados ideólogos de la judeofobia como él (léase Hitler, Maruja Torres, Javier Nart o Gregorio IX). Acusa a los judíos de ocupar posiciones estratégicas desde “Wall Street a toda caja viviente”. Al margen de esto, el autor de la columna menciona un nuevo delito imputable a la tradición judía en pleno: “hizo una corrección en el libro diciendo que eran el pueblo elegido”. Obvio. ¿Cómo podía Dios elegir a un pueblo que está todo el día en “Wall Street o en toda caja viviente” en lugar de en el Templo?

Una de las cosas que más me llamó la atención fue el título del artículo. “Judiadas”. ¡Qué raro! pensé. Judiadas… ¿qué palabra más fea se ha inventado este señor? Así que, por curiosidad innata, agarré el diccionario de la Real Academia de la Lengua que tengo en casa y busqué la palabra. ¡Vaya! ¿Quién iba a decirlo? Qué sorpresa más grande cuando encontré la siguiente definición literal en el libro de cabecera de este bonito idioma: “f. Acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos”. Obsérvese que el diccionario dice “tendenciosamente”. Más que nada para puntualizar que, en realidad, no todas las acciones hechas por un judío son malas. ¡Qué descanso!

Así que el señor Berlanga no se había inventado la palabra. Ya existía. Me pareció muy curioso así que seguí mi investigación. ¿Quizás el señor Berlanga tampoco se había inventado el odio racista que traspira su artículo? Pues no. Tampoco. Al empezar el texto el autor del artículo dice algo que resulta sospechoso “¿Por qué no se puede hablar de los judíos? ¿Tanto miedo dan?” ¿Miedo? Berlanga da en el clavo en esta segunda pregunta. Una vez superada la barrera del miedo los periodistas como él tienen vía libre para lanzarse a la yugular de toda una comunidad. No de una cualquiera, pero si de la judía, una víctima propiciatoria para los escritores mediocres como Jorge Berlanga.

Todos los periodistas sin principios, todos los escritores que sienten el gusano de la judeofobia rasgándoles las tripas, pueden abrir sus bocas y vomitar sus insultos. No pasará nada, la gente los leerá con atención y pensará: “claro, es normal, si es que los judíos son pérfidos”. El problema no es un señor Berlanga, el problema es un país que permite que su primer ministro se haga fotos con un pañuelo palestino. El mismo estadista que recortó el Estatuto catalán hasta adaptarlo a sus intereses electorales, apoya sin escrúpulos la creación de un estado que jamás ha existido. Eso sí, sólo porque al otro lado de la frontera de Gaza hay muchos judíos. ¡Qué cristianada!

sábado, julio 15, 2006

¿La guerra abierta?

Regularmente aparecen personajes en la política que creen que todos somos estúpidos excepto ellos. Lamentablemente, cuando hablamos de Israel, parece que todo el mundo se comporta como si, efectivamente, fueran estúpidos o, como mínimo, amnésicos.

Este viernes un psicópata llamado Hasan Nasrala ha proclamado, a los cuatro vientos, que Hizbolá declaraba la “guerra abierta” contra Israel. Analicemos esta frase porque, seguramente, ha sido escogida sin demasiado acierto. Si Hizbolá decidiera, por una vez en su vida, empezar una “guerra abierta”, Israel acabaría con ese reducto medieval en dos días de combates. Sólo dos días serían necesarios para que la aviación y la infantería hebrea fulminara el grupo terrorista.

Seguramente lo que Nasrala quería decir es que Hizbulá declarará una guerra terrorista basada en disparar misiles contra poblaciones israelíes y esconderse entre la población civil libanesa.
Pero tampoco esa declaración es del todo acertada. Hizbolá declara una “guerra” contra Israel porque la aviación judía ha bombardeado el centro del grupo terrorista en el lamentable barrio chiíta de Beirut. Israel ha bombardeado la casa de Nasrala y eso no hay ningún líder árabe que lo tolere. Da igual los palestinos encerrados en campos de concentración al sur del país de los cedros. Da igual que los palestinos no tengan ningún derecho civil en Líbano. Da igual que los palestinos masacrasen a libaneses cristianos durante su larga guerra civil. Lo único que importa es que a Nasrala le han volado la casa. Justo ahora que acababa de pintar el recibidor y hacerse una cocina nueva con el dinero que le manda Teherán regulamente.

Hizbolá no declara ninguna guerra porqué es Hizbolá el que empezó ese conflicto hace años. Es esa banda de terroristas nihilistas los que mataron a 8 soldados israelíes cruzando las fronteras internacionales que debían haber protegido las Naciones Unidas. Es Hizbolá quien secuestró a dos soldados israelíes cruzando las mismas fronteras. Es Hizbulá quien ha empujado a Israel a esta situación desagradable y, sin duda, es Hizbolá quien deberá pagar la factura de todo ello.
Pero también es responsabilidad del Líbano que el sur de ese país sea un territorio feudal en pleno siglo XXI.

El “partido de Dios” (eso significa Hizbolá) hizo suya una buena parte del Líbano y ancló el brazo armado de Siria e Irán tan cerca como pudo de Israel. No es casual que el gobierno sirio se haya apresado en expresar su total apoyo al Líbano y a Hizbolá en su lucha contra Israel. Ese enemigo de la humanidad que tuvo la demencial idea de comprar los deshabitados desiertos del Negev para construir un hogar donde esconderse de la sed de sangre de Europa. Esa es otra. Esperad sentados porque la Unión Europea ya está preparando toda su artillería dialéctica para acusar a Israel de los peores crímenes contra la humanidad. Seguramente, si acaban por destruir los dos principios morales que les quedan, los políticos europeos acaben redactando un documento de apoyo a Hizbolá.

Sea como sea, cada vez que escucho el discurso de Nasrala, más me convenzo que es el discurso de un enfermo que todavía no ha superado el trauma de ver su casa hundida por una bomba. Dicen que quien vive sobre una espada acaba cortándose. Nasrala se salvó de milagro pero su odio, su retraso cultural y su manifiesta estupidez acabará pasándole factura. Por ahora, todos esos defectos “sólo” le pasan factura a miles de libaneses que ven como su propio país es una plataforma para una de las bandas terroristas más salvajes que existen.

sábado, julio 01, 2006

Que arda Gaza.

La paciencia israelí en su relación con Palestina parece infinita. No me refiero, exclusivamente, a la paciencia de la que hacen gala los ciudadanos de Israel mientras soportan, estoicamente, sucesivas campañas de medios de comunicación profundamente judeófobos. Los mismos medios que hablan de “mujeres y niños presos en cárceles israelíes” sin mencionar que esas víctimas inocentes fueron arrestadas por intentar entrar en Israel con cinturones de explosivos. Me refiero a la paciencia de un país que, desde hace 60 años, es sistemáticamente atacado por sus vecinos árabes.

Israel fue agredida por sus vecinos pocas horas después de su nacimiento. Fue parcialmente invadida y lanzó un ataque defensivo que acabó expulsando a algunos palestinos de las ciudades que les había concedido la ONU. En 1956, los mismos países árabes que habían ocupado Cisjordania y Gaza volvieron a atacar Israel para ampliar sus conquistas. Pasando, claro está, por encima de ese pueblo tan poco apreciado por el oriente medio islámico: los palestinos. Once años más tarde, Egipto y Siria volvieron a embarcar a su población en una nueva locura homicida contra el pueblo judío. Afortunadamente, Israel decidió actuar antes de que fuera demasiado tarde y su aviación finalizó una guerra que no pasaría de los seis días.

Pero Israel, en su santa paciencia, volvió a tener que soportar continuos ataques militares por parte de sus entrañables vecinos. Entre 1968 y 1970 Egipto se encargó de desgastar el ejército y la cohesión de la sociedad israelí con una guerra de incursiones y atentados que serviría de modelo para los terroristas del siglo XXI. Israel aguantó con paciencia y, lejos de bombardear El Cairo, dobló sus esfuerzos para soportar una guerra a largo plazo que amenazaba con ser mortal. Lamentablemente, esta paciencia y esta lucha salvaje no evitaron que Egipto (otra vez Egipto) lanzará un nuevo ataque masivo contra Israel, aprovechando la celebración del Yom Kipur.

Israel ha sido blanco de todos los ataques a los que se puede exponer un país. Ha sido invadido desde su fundación, ha sido bombardeado desde el Líbano y desde Egipto, ha sido atacado mediante el uso del terrorismo más salvaje, ha sido insultado por los medios de comunicación de todo el mundo y ha sido obligado a reconocer una nación, la palestina, pisoteada por todos y cada uno de los países árabes que se han relacionado con ella. Israel ha sido considerada la “judía” de las naciones del mundo. Israel ha heredado la figura de “el judío” medieval. Aquella nación rechazada en una sociedad de puros y castos gentiles. A pesar de todo, Israel tiene paciencia. Aguanta, se defiende y sigue construyendo una de las democracias más prolíficas de occidente. Israel sigue aportando mucho a la tecnología y al progreso en nuestro querido planeta y lo hace, quede claro, a pesar de todas las adversidades.

Por eso resulta ridículo que, ante las operaciones que se llevan a cabo durante estos días en Gaza, los medios de comunicación, los políticos y los “opinadotes” profesionales de Europa se dediquen a cargar sus tintas contra Israel. Contra ese pueblo que, aguantando toda clase de agresiones, ha decidido poner toda su fuerza a disposición de un chico de 19 años, secuestrado en territorio israelí, por un grupo de terroristas vinculados con el gobierno palestino. Israel castiga Gaza, y lo hace porque ningún país del mundo puede tolerar, bajo ninguna circunstancia, que una banda terrorista penetre en su territorio nacional, secuestre a un soldado, y exija que el país agredido libere a presos acusados de intentar matar ciudadanos en acciones de terror salvaje.

Guilad Shalid es un símbolo. El emblema de un joven que, una vez más, representa el judío atacado, precisamente, por serlo. No me refiero al hecho del secuestro en sí, si no al ataque de artillería que recibe su caso por parte de la presa. Cualquier secuestro terrorista es deplorado como algo absolutamente cruel y doloroso. En el caso de Shalid, la prensa ha olvidado todo eso. En el caso de ese joven de 19 años los escritores europeos han decidido que, lo único que importa es esa mujer palestina a quien han bombardeado su campo de manzanas. El joven Guilad Shalid es, para Europa, un militar israelí, sólo un judío. El miembro de un pueblo sobre el que Europa lleva 2000 años expresando su opinión con total claridad.

El Super Heroe judío (uno de ellos)

Estos días el mundo del espectáculo vive ajetreado debido al estreno de una nueva película (una revisión) sobre el superhéroe por excelencia del cómic occidental: Superman. Pero, actualidad cultural a parte, lo que me llama a dedicar un espacio a esta novedad cinematográfica podría resumirse con una frase que, hará cuatro años, escuché de boca del ganador del premio Pulitzer Michael Chabon: “Superman es un inmigrante judío arquetípico”.

Repasemos cuatro datos. Superman es un refugiado que huye de Kriptón ante el peligro de perder la vida en su planeta de origen. Superman llega a los Estados Unidos durante la depresión causada por el Crack de 1929 y vive en ese país como un ser humano más. A pesar de ello, a medida que crece, se da cuenta de que es especial, distinto, con habilidades que no posee la gente que le rodea. La diferencia, no sólo física si no también ética y cultural, marca la vida y el desarrollo de las historias que rodean los cómics de superman.

En 1938, la editorial DC-National decidió publicar las viñetas de dos jóvenes judíos llamados Jerry Siegel y Joe Shuster, dos chicos de familia rusa y holandesa que se habían establecido en los Estados Unidos y Canadá durante los años convulsos del principio del siglo XX. La historia de las familias de Siegel y Shuster son similares a la experiencia de tantos otros judíos llegados a América durante ese período. Ambas familias abandonaron el Este de Europa cuando las cosas empezaron a ponerse realmente peligrosas para sus vidas. Los pogromos en Rusia amenazaban con liquidar, físicamente, a los hebreos que vivían bajo la autoridad del Zar. Llegados a los Estados Unidos y Canadá, Jerry y Joe nacieron y se educaron como americanos en todos los sentidos. Ahora bien, a medida que crecieron, sus diferencias salieron a la luz. Diferencias éticas y culturales que marcaban una línea entre ellos y el resto de americanos que crecían con ellos. Americanos todos, pero de distintos orígenes.

Supermán es, de hecho, el primer superhéroe moderno y, paralelamente, es un superhéroe profundamente paralelo a la experiencia de millones de inmigrantes. Superman es el modelo de la superación del desarraigo. Es el modelo de aquel inmigrante que, por convicción, acaba convirtiéndose en el más firme defensor de los valores universales que defiende su país de acogida. Pero superman es también la representación ideal de los judíos que huyeron de una Europa que se descomponía, y aterrizaron en una América que empezaba a florecer en el escenario mundial. Lógicamente (al menos si usamos el razonamiento más sencillo) los jóvenes Jerry y Joe no crearon un superman judío de manera premeditada. Parece lógico pensar que esos dos críos no tenían una intención política o social al crear al superhéroe del vestido azul, pero desde luego el trasfondo de la inmigración, la llegada a un país donde la mayoría comparte unos parámetros culturales ligeramente distintos a tu familia, y el trauma de un cierto desarraigo son absolutamente compartidos entre la experiencia de la inmigración y la vida de Clark Kent.

Incluso, como apuntaba el doctor Jeff Malka en una conferencia celebrada en Barcelona, el uso de dos nombres (uno para los hebreos y otro para los cristianos) resulta usual en algunos momentos de la historia del pueblo judío. Así mismo, Superman usa un nombre judío, Kar El, y un nombre cristiano, Clark Kent. Un comentario último pero bastante curioso: algunos nombres de origen judío son identificables por el “EL” final. Así lo apuntaba el rabino neoyorquino Simcha Weinstein, quien asegura que la historia de Supermán bebe directamente de la tradición y el ideario del pueblo judío. "Es judío. Kal-El (nombre de Supermán en su planeta de origen, Kriptón) es un vocablo hebreo que significa la voz de Dios". No es un pájaro ni un avión.