Quo Vadis?
Desde hace algunos años estamos sufriendo un aumento espectacular de revistas que intentan simular (con terrible ahínco pero sin gran éxito) que son interesantes.
Bajo los adjetivos genéricos de “científica”, “histórica”, “literaria” o “política” se esconden un número ingente de publicaciones obsesionadas por considerarnos, a todos, demasiado obtusos para entender todo aquello que sobrepase el nivel de “Barrio Sésamo”.
Inmersos en esta marisma de “divulgación de la Nada” hemos podido observar, este mismo mes, un ejemplo evidente del peligro de sumar la ignorancia a los prejuicios.
Una de estas sorprendentes revistas “científicas” publica un dossier demencial dedicado a la cirugía estética. Todo normal en la medida que aceptamos el escaso valor médico de la mayor parte de lo que se escribe en esta clase de artículos.
Lo más surrealista, sin duda, se refiere al punto exacto en el que la revista se aproxima a los “problemas étnicos” relacionados con la estética.
Según la publicación, y cito literalmente para que no haya confusión, las “minorías étnicas, sobretodo en Estados Unidos, recurren a la cirugía”. Obviamente cualquier lector intuirá, sin necesidad de darle demasiadas vueltas, que esta magnífica revista pone por escrito que: aquellos que no son blancos ni europeos no dudan en gastar el dinero que sea necesario con tal de parecerse a sus conciudadanos. Un argumento totalmente comprensible, ¿no? ¿Quién no querría parecer blanco y anglosajón? ¿Qué hay más bello que la cara de Churchill o las espléndidas orejas del Príncipe Carlos. Dos anglosajones que seguro que sirven como modelos para todas esas minorías étnicas que, según Quo, quieren parecerse a sus conciudadanos.
Lo más terrible de todo, sin ningún género de dudas, es una pequeña nota (no me atrevo a llamarlo artículo) dedicada específicamente a hablar sobre las caras. Concretamente a la “Nariz Judía”. No se lo pierdan porque éste es el título de dicha nota. “Inconfundible”, tal como reza un poco más abajo. “…como las orejas. Ambas características suelen provocar muchas depresiones”. Eso sí, la publicación da un rayo de esperanza a todos aquellos que tengan la nariz como la tienen todos los judíos del mundo, desde Ehud Olmert hasta Jerry Seinfeld. Según el redactor de esta “cosa”, las depresiones derivadas de tener cara de judío desaparecen después de operarse. Menos mal, imaginaos si no, ¡qué vida más dura! Lo que realmente resulta deprimente es que sólo desde aquí se haya levantado la voz ante tamaño despropósito periodístico.
Nos encontramos, de nuevo, ante una barbaridad tremenda que, precisamente por ser la perpetuación de un absurdo estereotipo judío, se queda sin críticas fuera de los ámbitos hebreos. Imaginen, por un momento, que una revista pseudo-científica publica un artículo en el que se puede leer: “La cara marroquí provoca muchas depresiones, que se curan cuando es operada para parecer europea.” Es tan aberrante, tan insultante que incluso duele escribirlo. Dudo que nadie quedara impertérrito ante una afirmación como esa. Seguramente leeríamos miles de cartas de protesta en los periódicos, escritas por los mismos que, cuando se insiste en un estereotipo judío, callan y sonríen.

