domingo, agosto 13, 2006

No es sólo Hajj

Esta semana hemos podido observar, entre atónitos y asqueados, la expulsión del fotógrafo Adnan Hajj de la prestigiosa empresa de reporteros Reuters. Según se desveló gracias a un grupo de aficionados a Internet, Hajj se había dedicado a vulnerar cualquier mínimo principio moral del periodismo y, sistemáticamente, retocó fotografías de los ataques israelíes sobre las infraestructuras de Hizbulá en el Líbano. El caso más sonado es una instantánea de Beirut, adornado por una columna de humo que asciende hacia el cielo. Hajj pensó que el humo real no daba una imagen suficientemente cruel de Israel y su terrible ejército, así que ennegreció el humo hasta convertirlo en una horrible figura azabache que se cierne sobre los libaneses. En una segunda tarde de gloria, el mismo Hajj multiplicó, con su ordenador, el número de misiles que disparaba un caza israelí durante un ataque sobre Líbano. Lo que era un cohete se convirtió, por arte de Photoshop, en tres. Nada por aquí, nada por allá.

Pero esto es una nimiedad. ¿Se imaginan que viviéramos en un mundo idílico en el que el único problema que tenemos es que un fotógrafo independiente se dedica a hacer propaganda con sus fotos mal falsificadas? En realidad, el periodismo y la política van mucho más allá. ¿Quién recuerda la matanza de Qana? Esa terrible masacre perpetrada por Israel y todos los judíos del mundo que costó la vida a 60 civiles, 30 de ellos niños. Pues bien, resulta que el pueblo de Qana no sufrió, ni tan siquiera, la mitad de todos esos muertos. El recuento final dejó las víctimas en 28. Pero ¿a quién le importa? El periodismo se negó, en general, a dar importancia a la realidad, al recuento real, a la valoración empírica del balance de muertos.

Nuestros amigos periodistas prefirieron dejar la primera cifra, esos 60 civiles y 30 niños. Esa cifra que les permitió hacer portadas como aquella que decía: “El mundo desata su ira contra Israel por la matanza de Qana”. ¿Qué sería del periodismo sobre Oriente Medio si no se pudiera mentir, verdad? ¿Qué sería de los periódicos europeos y árabes si no pudieran acusar a Israel de perpetrar los peores delitos contra la humanidad? Todo eso mientras los grupos islámicos (primos de los perturbados que quería hacer estallar 12 aviones sobre el atlántico) continúan golpeando primero y refugiándose luego en miles de niños, civiles y absurdas resoluciones de la ONU.

Israel tiene todos los enemigos del mundo, y más. No necesitamos más que escuchar los demenciales insultos que escupió el miembro del partido socialista español, José Blanco, sobre Israel y su supuesta “desproporción” a la hora de golpear las bases de Hizbulá. Pero el estado hebreo tiene el peor de sus obstáculos en un periodismo encallado en la judeofobia prehistórica. Un periodismo insensato y mezquino capaz de las peores aberraciones. Un periodismo que ha adoptado el linchamiento sistemático como recurso ante la falta evidente de talento, implicación y valentía para contar las cosas verazmente.