Que arda Gaza.
La paciencia israelí en su relación con Palestina parece infinita. No me refiero, exclusivamente, a la paciencia de la que hacen gala los ciudadanos de Israel mientras soportan, estoicamente, sucesivas campañas de medios de comunicación profundamente judeófobos. Los mismos medios que hablan de “mujeres y niños presos en cárceles israelíes” sin mencionar que esas víctimas inocentes fueron arrestadas por intentar entrar en Israel con cinturones de explosivos. Me refiero a la paciencia de un país que, desde hace 60 años, es sistemáticamente atacado por sus vecinos árabes.
Israel fue agredida por sus vecinos pocas horas después de su nacimiento. Fue parcialmente invadida y lanzó un ataque defensivo que acabó expulsando a algunos palestinos de las ciudades que les había concedido la ONU. En 1956, los mismos países árabes que habían ocupado Cisjordania y Gaza volvieron a atacar Israel para ampliar sus conquistas. Pasando, claro está, por encima de ese pueblo tan poco apreciado por el oriente medio islámico: los palestinos. Once años más tarde, Egipto y Siria volvieron a embarcar a su población en una nueva locura homicida contra el pueblo judío. Afortunadamente, Israel decidió actuar antes de que fuera demasiado tarde y su aviación finalizó una guerra que no pasaría de los seis días.
Pero Israel, en su santa paciencia, volvió a tener que soportar continuos ataques militares por parte de sus entrañables vecinos. Entre 1968 y 1970 Egipto se encargó de desgastar el ejército y la cohesión de la sociedad israelí con una guerra de incursiones y atentados que serviría de modelo para los terroristas del siglo XXI. Israel aguantó con paciencia y, lejos de bombardear El Cairo, dobló sus esfuerzos para soportar una guerra a largo plazo que amenazaba con ser mortal. Lamentablemente, esta paciencia y esta lucha salvaje no evitaron que Egipto (otra vez Egipto) lanzará un nuevo ataque masivo contra Israel, aprovechando la celebración del Yom Kipur.
Israel ha sido blanco de todos los ataques a los que se puede exponer un país. Ha sido invadido desde su fundación, ha sido bombardeado desde el Líbano y desde Egipto, ha sido atacado mediante el uso del terrorismo más salvaje, ha sido insultado por los medios de comunicación de todo el mundo y ha sido obligado a reconocer una nación, la palestina, pisoteada por todos y cada uno de los países árabes que se han relacionado con ella. Israel ha sido considerada la “judía” de las naciones del mundo. Israel ha heredado la figura de “el judío” medieval. Aquella nación rechazada en una sociedad de puros y castos gentiles. A pesar de todo, Israel tiene paciencia. Aguanta, se defiende y sigue construyendo una de las democracias más prolíficas de occidente. Israel sigue aportando mucho a la tecnología y al progreso en nuestro querido planeta y lo hace, quede claro, a pesar de todas las adversidades.
Por eso resulta ridículo que, ante las operaciones que se llevan a cabo durante estos días en Gaza, los medios de comunicación, los políticos y los “opinadotes” profesionales de Europa se dediquen a cargar sus tintas contra Israel. Contra ese pueblo que, aguantando toda clase de agresiones, ha decidido poner toda su fuerza a disposición de un chico de 19 años, secuestrado en territorio israelí, por un grupo de terroristas vinculados con el gobierno palestino. Israel castiga Gaza, y lo hace porque ningún país del mundo puede tolerar, bajo ninguna circunstancia, que una banda terrorista penetre en su territorio nacional, secuestre a un soldado, y exija que el país agredido libere a presos acusados de intentar matar ciudadanos en acciones de terror salvaje.
Guilad Shalid es un símbolo. El emblema de un joven que, una vez más, representa el judío atacado, precisamente, por serlo. No me refiero al hecho del secuestro en sí, si no al ataque de artillería que recibe su caso por parte de la presa. Cualquier secuestro terrorista es deplorado como algo absolutamente cruel y doloroso. En el caso de Shalid, la prensa ha olvidado todo eso. En el caso de ese joven de 19 años los escritores europeos han decidido que, lo único que importa es esa mujer palestina a quien han bombardeado su campo de manzanas. El joven Guilad Shalid es, para Europa, un militar israelí, sólo un judío. El miembro de un pueblo sobre el que Europa lleva 2000 años expresando su opinión con total claridad.


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