domingo, julio 23, 2006

Bambi en la Intifada.

El presidente español Zapatero parece una persona calmada, dialogante, sin grandes excesos verbales y con una voluntad innata de contentar a todo el mundo. De ahí que fuera apodado como Bambi. De hecho es alguien contra quien resulta difícil enfadarse porque, a pesar de que toma decisiones controvertidas, lo hace con el mínimo ruido posible y sin crear grandes polémicas.

Pero incluso un Bambi emborrachado de talante como él, tiene un “talón de Aquiles”, un punto débil que, en este caso, suele convertir a gran parte de los militantes de la izquierda europea en sabuesos racistas babeando por una nueva oportunidad de exhibir su violencia verbal. Zapatero no ha dudado, ni un segundo, en saltar a la palestra para cargar, con una agresividad inédita, contra los judíos. Camuflando su mensaje, eso sí, bajo el útil aspecto de una crítica constructiva contra el estado de Israel. Es una crítica judeófoba en la medida que Zapatero evita criticar los operativos antiterroristas de Rusia, esquiva criticar el lanzamiento de misiles por parte de Corea del Norte, se niega a mostrarse públicamente en contra de los asesinatos masivos en China e incluso, muestra comprensión ante los golpes terroristas ejecutados por musulmanes a lo largo y ancho de Oriente Próximo. Avergüéncese, señor presidente. Avergüéncese por limitar su crítica al único país judío del mundo.

El presidente español considera que las operaciones militares israelíes para evitar que Hizbolá siga bombardeando sus ciudades “vulnera la legalidad internacional” y además “son excesivas”. Es excesivo que Israel bombardee las infraestructuras de una de las bandas terroristas más peligrosas del mundo. Es excesivo que Israel asesine los líderes de un grupo armado obsesionado en borrar a Israel del mapa. Es excesivo que Israel pretenda crear un cordón de seguridad que, por cierto, debería estar creado ya por la misión de la ONU establecida al sur del Líbano. En definitiva, para el presidente español es excesivo que Israel pretenda liquidar a Hizbolá como respuesta a un ataque terrorista salvaje contra el cual, por cierto, el gobierno ibérico no manifestó ninguna crítica en su momento.

Es normal, por otro lado, que Zapatero crea que la protección de los ciudadanos de un país es “excesiva”. Recordemos que Zapatero siempre ha tenido una postura muy coherente contra el terrorismo islámico: la rendición incondicional. Después de los atentados del 11-M en Madrid, después de la muerte de 200 ciudadanos españoles a manos de esos salvajes fanáticos, Zapatero, el presidente de todos los españoles, decidió aplicar una respuesta contundente: retiró todas sus tropas de Iraq, precisamente lo que exigían los terroristas que perpetraron la matanza. Es normal que un presidente que prefiere retirarse corriendo ante la amenaza, considere excesivo que un gobierno decida oponerse a un grupo terrorista que amenaza su población.

Por si esto fuera poco, el ejecutivo dirigido por Bambi ZP decidió dar una nueva vuelta de tuerca a su relación con los judíos de todo el mundo y equiparó, en un malabarismo infernal, a Israel y Hizbolá. Fantástico. Un estado democrático es lo mismo que una banda dedicada, por definición, a asesinar con fines políticos. Ni Zapatero ni el coro de incultos que lo rodean tendrían las narices de comparar, bajo ninguna circunstancia, a ningún estado occidental con una banda terrorista. A ninguno. Ni Rusia es lo mismo que los terroristas de Chechenia, ni Francia es igual que los independentistas de Córcega, ni el Reino Unido es equiparable al IRA. A pesar del dolor, la violencia, las torturas y los asesinatos que han sembrado los ingleses en Irlanda. Un estado democrático no es comparable, ni tan siquiera tangencialmente, con una banda de salvajes dedicados a matar para conseguir aquel o aquel otro objetivo político. Pero siempre existe una ecuación para esta clase de situaciones. Si el estado democrático que se compara con el grupo terrorista es un estado judío, entonces vale lo mismo que los terroristas musulmanes. Aunque sea precisamente Hizbolá el responsable del ataque que desencadenó el operativo. Poca importancia tiene porque, para él, si es judío es el responsable de todo lo malo que suceda en el mundo. No hay más que hablar.

Zapatero muestra un fanatismo judeófobo tan elevado, que incluso ignora que los propios países árabes como Arabia Saudita o Egipto han cargado contra Hizbolá. A pesar de estas críticas, a pesar de que todos ven a Hizbolá como el brazo armado avanzado de Irán y Siria, Zapatero sigue defendiendo las bondades del integrismo islámico. Para Bambi los judíos son malos, y así será mientras el presidente siga retirando tropas según le dicten los terroristas.