Jacob Valais. Der Jüdestaat.
Era sólo un deseo, una esperanza. Tenía todos lo requisitos para ser calificado de utopía: cuando Teodor Herzl, desde Basilea, inició el movimiento sionista en 1897., con su “Der Jüdestaat”.
Ha pasado más de un siglo. El pueblo judío que, desde la diáspora, había sido perseguido, escarnecido, vilipendiado por toda Europa; vio acrecentado el peligro. En pleno siglo XX, sufrió la más increíble y feroz de las persecuciones. Hubo un determinado propósito de exterminio del pueblo judío. El mundo permaneció ciego y mudo. Nadie se enteraba de lo que pasaba en Dachau, Bergen Belsen, Auschwitz, Treblinka, Maidanek, Sobibor, Matthausen…
Cuando, al acabar la Segunda Guerra Mundial no se pudo ignorar más el genocidio cometido; Europa, hipócritamente, derramó unas lágrimas de cocodrilo, pero, con la Gran Bretaña al frente, procuró evitar a toda costa, que el pueblo sobreviviente, pudiera alcanzar y aposentar-se en el lugar de sus ancestros. Fue el mismo pueblo de la Diáspora que, contra viento y marea, volvió a la Tierra Prometida. Eran mil setecientos años de falsa propaganda adversa, hasta llegar a considerar ofensiva, la palabra “judío”.
Retrocedo unos años, hasta comienzos del siglo XX.
Volvemos a la tierra que, probablemente, con más nombres ha sido conocida, Israel, Palestina, Tierra Santa, La Tierra Prometida...
Los habitantes de país, los palestinos, sin conciencia todavía, de su “palestinidad”, convivieron largos años con los colonos judíos que iban llegando de todas partes. Los recién llegados, estaban convirtiendo en un productivo vergel, el árido suelo de su tierra. No eran ocupantes. En muchos casos, eran unos bienvenidos colaboradores. Pagaban religiosamente los terrenos que compraban. Los ocupantes, eran de otra clase, y los enviaba, primero el Diván desde Estambul y, más tarde, el ministerio de la Guerra de Gran Bretaña.
La Primera Guerra Mundial trajo consigo, el cambio de potencia dominante (bajo el mentiroso eufemismo de “protectora”) Pero también, la necesidad de la ayuda judía al esfuerzo de guerra de los aliados. Llegó la Declaración Balfour. En ella, se prometía al pueblo judío: el oro y el moro. Al final, solamente quedó el moro. I no, precisamente el palestino.
Llegó, como era de esperar, la Segunda Guerra Mundial. A su término; el país donde se asienta Israel, se vio rodeado por una serie de estados, más o menos tutelados por la Gran Bretaña y Francia, pero de población árabe o, por lo menos, islámica, que, acabada la segunda guerra mundial, alcanzaron su independencia. Líbano, Siria, Jordania, Egipto, Irak. Enarbolaron la bandera del nacionalismo islámico. Con el furor catecuménico, de los recién convertidos al independentismo, pusieron sus ambiciosas miras sobre el suelo que estaban transformando los colonos, llegados de otros continentes.
Por otra parte, estaba ya fraguada la idea del Medinat Yisra’el . Desde la llegada a Yafo, en 1906, de David Grün. Más conocido como Ben Gurion.
Los sobrevivientes europeos del Holocausto, acudían en masa a la Tierra Prometida. La división mediterránea de la Royal Navy, hizo lo imposible para detener la riada. Sus intereses derivaban hacia el lado árabe de la previsible contienda.
El 17 de diciembre de 1947, la Liga Árabe, predicó la yihad contra el todavía nonato estado de Israel. Cinco eran los estados que pretendían la ocupación y reparto del territorio. I, cinco fueron los ejércitos que se prepararon para la ocupación. El Líbano, aunque el islamismo no detentaba el poder absoluto, también puso su ejército en pié de guerra. El de Egipto, con Naser al frente del gobierno, Siria, La Legión Árabe de Glubb Pashá i, no podía faltar: Irak. Cinco ejércitos adiestrados contra un puñado de agricultores deficientemente armados. Las cuentas eran claras. No podía haber duda alguna sobre el resultado de la guerra que se avecinaba.
Gran Bretaña, abandonó Israel de acuerdo con la resolución de las Naciones Unidas. En realidad, abandonó a los judíos a su suerte.
El día 17 de Mayo de 1948, David ben Gurion, leyó la proclamación de independencia de Israel. Al día siguiente, los ejércitos árabes iniciaron la invasión del país. No era, como se pretendía, una liberación del pueblo palestino, era una verdadera conquista militar, con un previsto y acordado repartimiento. En aquellos días, comenzó la odisea del pueblo palestino. Los ejércitos invasores, desplazaron a los musulmanes de su territorio, “para su seguridad”. La mayoría de ellos, para vivir como refugiados en los campamentos de Transjordania, donde fueron masacrados por la propia Liga Árabe en el “Setiembre negro” de 1970.
Después de la derrota árabe en la primera de sus guerras contra Israel, fue cuando convino a los árebes, fomentar el nacionalismo palestino. Les interesaba para mantener una guerra larvada contra Israel sin tener que presentar el rostro. Ya que, en las cuatro ocasiones en que lo han presentado, han tenido una desagradable experiencia.
Palestina i los palestinos, son un invento en función de la existencia de Israel. Para la Liga Árabe, cuando se decidió la Yihad contra el pueblo judío, los palestinos, no contaban para nada. Lo que ahora proclaman como “Nación Palestina” , no era más que un territorio objeto de sus deseos de expansión, a repartir, entre todos los participantes.
De todas maneras, en el día de hoy, Medinat Yisra’el ha superado las esperanzas puestas en “Der Jüdenstaat” por Teodor Herzl.
Mazal Tov!


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