martes, agosto 22, 2006

Los alineados y los idiotas.

La guerra más complicada es aquella que exige comportamientos diametralmente opuestos en ambos combatientes. La democracia, la libertad y el laicismo conllevan, por definición, una marginación sistemática de la violencia, del engaño, de la manipulación y del maltrato al ser humano. A pesar de que ese ser humano pretenda volarnos mientras cenamos en un restaurante. La democracia de la que gozamos nos promete libertad individual, a cambio de la condescendencia con los enemigos de esa democracia. Nos promete libertad a cambio de indignarnos si nuestros ejércitos pegan a un detenido. Nos promete libertad a cambio de reprochar con vehemencia a cualquiera que se le ocurra publicar una caricatura de Mahoma. Nos promete libertad a cambio de luchar contra los salvajes siguiendo unas reglas de las que ellos se ríen. Y a pesar de todo, la democracia occidental es el mejor sistema.

El terrorismo islamista se desarrolla gracias a nuestra cultura, gracias a que nuestra libertad les da los elementos necesarios para crecer, buscar adeptos y golpearnos aprovechando el más mínimo error de nuestros sistemas de seguridad. Esta complejidad, las consecuencias del impacto entre dos mundos que no pueden comprenderse por un problema de incompatibilidad cronológica, se traduce con especial virulencia durante los periodos de guerra. Los mismo periodistas que insultaban al gobierno norteamericano después de ver las imágenes de dos ciudadanos occidentales mutilados, colgados y quemados por una turba de salvajes en Irak, insultaban de nuevo al gobierno norteamericano cuando se publicaron las fotos de las cárceles de Abu Ghraib. Siempre es culpa de aquellas sociedades democráticas, porque no se nos ocurre exigir a los árabes que respeten la vida de otros seres humanos.

Los árabes, los musulmanes, los islamistas no son hijos desfavorecidos que deben obtener nuestra condescendencia infinita hasta el fin de los días. Ni mucho menos. Los países árabes deben salir de un estúpido letargo que les arrastra hasta lo más oscuro del siglo VII. Los países árabes, que pasean sus enormes coches por las afueras de las Naciones Unidas, deben jugar al juego del resto del mundo o abstenerse de querer opinar sobre aquello que el mundo debe hacer o dejar de hacer. No existe ninguna posibilidad de diálogo entre los países musulmanes de oriente próximo y occidente. No hay diálogo posible porque la sociedad musulmana no respeta, en esencia, la civilización occidental.

Los países islámicos tienen una fuerte sensación de pertenencia. Siria hace todo lo posible para que no se interrumpa el flujo de armas a Hizbulá, Irán sigue lanzando proclamas contra los judíos de todo el mundo mientras su población vive bajo una represión demencial, Fuad Siniora llora a moco tendido porque Israel hace lo que debería haber hecho el ejército libanés, Pakistán sigue exportando terroristas sin ninguna clase de freno, y ante todo ello, las víctimas de la violencia salvaje del islamismo, callan. La India, China, Europa y Estados Unidos se ven amenazados, de manera continuada, por una especie de guerra terrorista descerebrada. Pero en lugar de unidad y lucha, occidente decide callar y esconderse tras el velo de la democracia, la libertad y todos esos conceptos nacidos de las revoluciones del siglo XVIII y convertidas en parodias de nuestro mundo.

Mientras el islamismo encuentra el respaldo necesario en la mayoría de países musulmanes, occidente se rompe y se pelea. Mientras los países islámicos se pelean por aumentar las listas de muyahidin enviados a Irak para matar "infieles", occidente se atranca en la puerta de salida para escapar de Irak. Des de luego, la legitimidad de la guerra de Irak era dudosa, pero una vez ahí, retirarse y abandonar a los iraquíes a su suerte es una vergüenza. Afortunadamente, no todos los políticos tienen el mismo cerebro privilegiado que Zapatero. El único mentecato que, después de un ataque terrorista, se ha apresurado a huir con la cola entre las piernas lanzando un mensaje preciso y claro. Un mensaje que el islamismo ha retenido en la memoria, señor presidente.

domingo, agosto 13, 2006

No es sólo Hajj

Esta semana hemos podido observar, entre atónitos y asqueados, la expulsión del fotógrafo Adnan Hajj de la prestigiosa empresa de reporteros Reuters. Según se desveló gracias a un grupo de aficionados a Internet, Hajj se había dedicado a vulnerar cualquier mínimo principio moral del periodismo y, sistemáticamente, retocó fotografías de los ataques israelíes sobre las infraestructuras de Hizbulá en el Líbano. El caso más sonado es una instantánea de Beirut, adornado por una columna de humo que asciende hacia el cielo. Hajj pensó que el humo real no daba una imagen suficientemente cruel de Israel y su terrible ejército, así que ennegreció el humo hasta convertirlo en una horrible figura azabache que se cierne sobre los libaneses. En una segunda tarde de gloria, el mismo Hajj multiplicó, con su ordenador, el número de misiles que disparaba un caza israelí durante un ataque sobre Líbano. Lo que era un cohete se convirtió, por arte de Photoshop, en tres. Nada por aquí, nada por allá.

Pero esto es una nimiedad. ¿Se imaginan que viviéramos en un mundo idílico en el que el único problema que tenemos es que un fotógrafo independiente se dedica a hacer propaganda con sus fotos mal falsificadas? En realidad, el periodismo y la política van mucho más allá. ¿Quién recuerda la matanza de Qana? Esa terrible masacre perpetrada por Israel y todos los judíos del mundo que costó la vida a 60 civiles, 30 de ellos niños. Pues bien, resulta que el pueblo de Qana no sufrió, ni tan siquiera, la mitad de todos esos muertos. El recuento final dejó las víctimas en 28. Pero ¿a quién le importa? El periodismo se negó, en general, a dar importancia a la realidad, al recuento real, a la valoración empírica del balance de muertos.

Nuestros amigos periodistas prefirieron dejar la primera cifra, esos 60 civiles y 30 niños. Esa cifra que les permitió hacer portadas como aquella que decía: “El mundo desata su ira contra Israel por la matanza de Qana”. ¿Qué sería del periodismo sobre Oriente Medio si no se pudiera mentir, verdad? ¿Qué sería de los periódicos europeos y árabes si no pudieran acusar a Israel de perpetrar los peores delitos contra la humanidad? Todo eso mientras los grupos islámicos (primos de los perturbados que quería hacer estallar 12 aviones sobre el atlántico) continúan golpeando primero y refugiándose luego en miles de niños, civiles y absurdas resoluciones de la ONU.

Israel tiene todos los enemigos del mundo, y más. No necesitamos más que escuchar los demenciales insultos que escupió el miembro del partido socialista español, José Blanco, sobre Israel y su supuesta “desproporción” a la hora de golpear las bases de Hizbulá. Pero el estado hebreo tiene el peor de sus obstáculos en un periodismo encallado en la judeofobia prehistórica. Un periodismo insensato y mezquino capaz de las peores aberraciones. Un periodismo que ha adoptado el linchamiento sistemático como recurso ante la falta evidente de talento, implicación y valentía para contar las cosas verazmente.

sábado, julio 29, 2006

Me dais asco.

El periodismo español ha decidido dejar la “imparcialidad” y la “defensa de la verdad” a un lado, para asaltar las ondas subidos sobre el caballo de la mentira, el odio y la judeofobia más cruel y sanguinaria. Desde que ha empezado el conflicto armado entre Israel y la banda terrorista Hizbolá, la mayoría de los medios de comunicación ibéricos han decidido ignorar, voluntariamente, el oscuro papel de las tiranías de Irán y Siria en ese conflicto de oriente medio (uno más de los muchos que destruyen esa zona del mundo). El periodismo ha decidido olvidar que Hizbolá quiere implantar un régimen islámico en Líbano o que Siria ocupó el país de los cedros durante más de veinte años. Una ocupación que le permitió a Siria asesinar a opositores libaneses, controlar su política y atacar los civiles israelíes mediante Hizbolá. Una banda de asesinos muy útil como tapadera para los fanáticos iraníes y sirios.

Ni una manifestación se produjo ante la salvaje ocupación siria. Ni una cuando los servicios secretos sirios se dedicaron a matar a políticos libaneses. Ni una porque los palestinos no tienen derecho a la propiedad en Líbano. Ni una porque Ahmadineyad está usando a Israel como banco de pruebas para sus nuevos misiles. Ni una porque Siria siga armando el terrorismo en Líbano e Irak. Ni una manifestación por los miles de crímenes contra la humanidad que los gobiernos de Irán y Siria ejecutan con una inmunidad demencial. Contra Israel, todas. Contra el “judío entre las naciones” todas las manifestaciones del mundo. Para la prensa española bombardear las infraestructuras que permiten a Irán introducir misiles para Hizbolá es “desproporcionado”. Pero la misma prensa ni se inmuta cuando un asesino se introduce en un autobús y lo hace estallar en mil pedazos para matar a tanta gente como pueda. Siempre que ese autobús circule por calles israelíes, es un actor de protesta por una “ocupación insostenible”. Si el autobús es un metro y está transitando por Madrid, es un “acto de terrorismo incomprensible”.

Israel no tiene amigos. Estados Unidos sólo es un compañero de viaje oportuno que, por razones estratégicas, considera útil azuzar el Tzahal contra los enemigos de occidente. Pero nada más que eso. Para Estados Unidos Israel es sólo un muñeco con el que golpear a Siria y evitar el crecimiento estratégico de Irán en la zona. Israel sólo se tiene a él mismo. Israel lucha por su propia supervivencia, y ahí radica su fuerza, su poder, su tremenda energía. Israel y cada uno de los israelíes luchan para sobrevivir, una vez más, a una locura que pretende aniquilar a los judíos de a faz de la tierra. Sin exagerar. Precisamente eso pidió el presidente Ahmadineyad. Eliminar a Israel de la faz de la tierra (léase eliminar a los judíos). Lamentablemente, es una idea que Ahmadineyad comparte con más de un europeo.

He llegado a leer, en estos maravillosos periódicos que corren por España, que Israel no tiene derecho a existir. Que Israel no tiene derecho a ocupar la tierra que ocupa. Felicidades a todos los otros estados del mundo. Ellos sí que tienen legitimidad para su existencia. Des de Estados Unidos y las tierras robadas a los nativos, hasta Francia y sus sangrientas revueltas. El problema para los “periodistas” no es la legitimidad o no de Israel, el problema para ellos es un rencor injustificable contra los judíos. Un odio que fermenta en cerebros que son los mismos que los de los españoles del siglo XV. El problema no fue Torquemada, sino de los miles de españoles que asaltaron las aljamas. Los españoles que, todavía hoy, asaltan con palabras la última aljama del siglo XX: Israel. Una aljama pequeña y valiente rodeada de países árabes con la esperanza de expulsar a los judíos para quedarse con su territorio.

Sólo faltaba, para acabar de adornar este gran despropósito español, las palabras de José Blanco. “Israel busca matar a población civil”, dijo esa especie de chiste lamentable que se ha tomado en serio eso de ser el “chico malo” del ejecutivo socialista. Mal hecho, el papel de “poli malo” nunca puede ser delegado a alguien que produce hilaridad cada vez que abre la boca. En este caso no produjo risas, sino vergüenza e indignación. De hecho, me sorprendió tanto que repasé varios videos de José Blanco intentando escuchar alguna frase del estilo de: “el grupo terrorista Hamás busca provocar víctimas civiles premeditadamente”. No encontré nada parecido. Lástima.

domingo, julio 23, 2006

Bambi en la Intifada.

El presidente español Zapatero parece una persona calmada, dialogante, sin grandes excesos verbales y con una voluntad innata de contentar a todo el mundo. De ahí que fuera apodado como Bambi. De hecho es alguien contra quien resulta difícil enfadarse porque, a pesar de que toma decisiones controvertidas, lo hace con el mínimo ruido posible y sin crear grandes polémicas.

Pero incluso un Bambi emborrachado de talante como él, tiene un “talón de Aquiles”, un punto débil que, en este caso, suele convertir a gran parte de los militantes de la izquierda europea en sabuesos racistas babeando por una nueva oportunidad de exhibir su violencia verbal. Zapatero no ha dudado, ni un segundo, en saltar a la palestra para cargar, con una agresividad inédita, contra los judíos. Camuflando su mensaje, eso sí, bajo el útil aspecto de una crítica constructiva contra el estado de Israel. Es una crítica judeófoba en la medida que Zapatero evita criticar los operativos antiterroristas de Rusia, esquiva criticar el lanzamiento de misiles por parte de Corea del Norte, se niega a mostrarse públicamente en contra de los asesinatos masivos en China e incluso, muestra comprensión ante los golpes terroristas ejecutados por musulmanes a lo largo y ancho de Oriente Próximo. Avergüéncese, señor presidente. Avergüéncese por limitar su crítica al único país judío del mundo.

El presidente español considera que las operaciones militares israelíes para evitar que Hizbolá siga bombardeando sus ciudades “vulnera la legalidad internacional” y además “son excesivas”. Es excesivo que Israel bombardee las infraestructuras de una de las bandas terroristas más peligrosas del mundo. Es excesivo que Israel asesine los líderes de un grupo armado obsesionado en borrar a Israel del mapa. Es excesivo que Israel pretenda crear un cordón de seguridad que, por cierto, debería estar creado ya por la misión de la ONU establecida al sur del Líbano. En definitiva, para el presidente español es excesivo que Israel pretenda liquidar a Hizbolá como respuesta a un ataque terrorista salvaje contra el cual, por cierto, el gobierno ibérico no manifestó ninguna crítica en su momento.

Es normal, por otro lado, que Zapatero crea que la protección de los ciudadanos de un país es “excesiva”. Recordemos que Zapatero siempre ha tenido una postura muy coherente contra el terrorismo islámico: la rendición incondicional. Después de los atentados del 11-M en Madrid, después de la muerte de 200 ciudadanos españoles a manos de esos salvajes fanáticos, Zapatero, el presidente de todos los españoles, decidió aplicar una respuesta contundente: retiró todas sus tropas de Iraq, precisamente lo que exigían los terroristas que perpetraron la matanza. Es normal que un presidente que prefiere retirarse corriendo ante la amenaza, considere excesivo que un gobierno decida oponerse a un grupo terrorista que amenaza su población.

Por si esto fuera poco, el ejecutivo dirigido por Bambi ZP decidió dar una nueva vuelta de tuerca a su relación con los judíos de todo el mundo y equiparó, en un malabarismo infernal, a Israel y Hizbolá. Fantástico. Un estado democrático es lo mismo que una banda dedicada, por definición, a asesinar con fines políticos. Ni Zapatero ni el coro de incultos que lo rodean tendrían las narices de comparar, bajo ninguna circunstancia, a ningún estado occidental con una banda terrorista. A ninguno. Ni Rusia es lo mismo que los terroristas de Chechenia, ni Francia es igual que los independentistas de Córcega, ni el Reino Unido es equiparable al IRA. A pesar del dolor, la violencia, las torturas y los asesinatos que han sembrado los ingleses en Irlanda. Un estado democrático no es comparable, ni tan siquiera tangencialmente, con una banda de salvajes dedicados a matar para conseguir aquel o aquel otro objetivo político. Pero siempre existe una ecuación para esta clase de situaciones. Si el estado democrático que se compara con el grupo terrorista es un estado judío, entonces vale lo mismo que los terroristas musulmanes. Aunque sea precisamente Hizbolá el responsable del ataque que desencadenó el operativo. Poca importancia tiene porque, para él, si es judío es el responsable de todo lo malo que suceda en el mundo. No hay más que hablar.

Zapatero muestra un fanatismo judeófobo tan elevado, que incluso ignora que los propios países árabes como Arabia Saudita o Egipto han cargado contra Hizbolá. A pesar de estas críticas, a pesar de que todos ven a Hizbolá como el brazo armado avanzado de Irán y Siria, Zapatero sigue defendiendo las bondades del integrismo islámico. Para Bambi los judíos son malos, y así será mientras el presidente siga retirando tropas según le dicten los terroristas.

jueves, julio 20, 2006

Cristianadas

El otro día llegó a mis manos un artículo de un periódico que no suelo leer. Sé que una persona bien informada debe consultar toda clase de prensa pero, por razones diversas, mis ojos no acostumbran a pasearse entre las letras impresas del diario “La Razón”. Debo reconocer que me quedé boquiabierto con una columnita llamada: “Judiadas”, escrita por Jorge Berlanga y dedicada, en toda su extensión, a agredir violentamente a todos y cada uno de los judíos de nuestro mundo, del mundo pasado e incluso del futuro.

El artículo del señor Berlanga (entiéndase “señor” como un eufemismo) es, de hecho, bastante sencillo en su composición. En unas cuantas líneas manifiesta un notable odio contra los judíos (contra todos), construido a partir de afirmaciones tan “científicas” como la siguiente: los hebreos “siguen quejándose de que los echan de todas partes. Incluyendo los Reyes Católicos y la Alemania nazi.” Para el señor Berlanga la persecución en España, las miles de conversiones (sé alguna cosa al respecto), la expulsión masiva o el genocidio europeo de la Segunda Guerra Mundial no son más que “excusas” para que los judíos de hoy “sigan quejándose”.

Berlanga golpea, con fervor religioso, en el mismo punto exacto que lo hacen otros destacados ideólogos de la judeofobia como él (léase Hitler, Maruja Torres, Javier Nart o Gregorio IX). Acusa a los judíos de ocupar posiciones estratégicas desde “Wall Street a toda caja viviente”. Al margen de esto, el autor de la columna menciona un nuevo delito imputable a la tradición judía en pleno: “hizo una corrección en el libro diciendo que eran el pueblo elegido”. Obvio. ¿Cómo podía Dios elegir a un pueblo que está todo el día en “Wall Street o en toda caja viviente” en lugar de en el Templo?

Una de las cosas que más me llamó la atención fue el título del artículo. “Judiadas”. ¡Qué raro! pensé. Judiadas… ¿qué palabra más fea se ha inventado este señor? Así que, por curiosidad innata, agarré el diccionario de la Real Academia de la Lengua que tengo en casa y busqué la palabra. ¡Vaya! ¿Quién iba a decirlo? Qué sorpresa más grande cuando encontré la siguiente definición literal en el libro de cabecera de este bonito idioma: “f. Acción mala, que tendenciosamente se consideraba propia de judíos”. Obsérvese que el diccionario dice “tendenciosamente”. Más que nada para puntualizar que, en realidad, no todas las acciones hechas por un judío son malas. ¡Qué descanso!

Así que el señor Berlanga no se había inventado la palabra. Ya existía. Me pareció muy curioso así que seguí mi investigación. ¿Quizás el señor Berlanga tampoco se había inventado el odio racista que traspira su artículo? Pues no. Tampoco. Al empezar el texto el autor del artículo dice algo que resulta sospechoso “¿Por qué no se puede hablar de los judíos? ¿Tanto miedo dan?” ¿Miedo? Berlanga da en el clavo en esta segunda pregunta. Una vez superada la barrera del miedo los periodistas como él tienen vía libre para lanzarse a la yugular de toda una comunidad. No de una cualquiera, pero si de la judía, una víctima propiciatoria para los escritores mediocres como Jorge Berlanga.

Todos los periodistas sin principios, todos los escritores que sienten el gusano de la judeofobia rasgándoles las tripas, pueden abrir sus bocas y vomitar sus insultos. No pasará nada, la gente los leerá con atención y pensará: “claro, es normal, si es que los judíos son pérfidos”. El problema no es un señor Berlanga, el problema es un país que permite que su primer ministro se haga fotos con un pañuelo palestino. El mismo estadista que recortó el Estatuto catalán hasta adaptarlo a sus intereses electorales, apoya sin escrúpulos la creación de un estado que jamás ha existido. Eso sí, sólo porque al otro lado de la frontera de Gaza hay muchos judíos. ¡Qué cristianada!